Quieres cambiar el horario de la web. Una tontería. Escribes a la agencia que te la hizo. No contesta. Llamas. El número ya no existe. Y ahí descubres que no tienes acceso a tu web, ni sabes dónde está, ni a nombre de quién.
Tranquilo. Pasa muchísimo más de lo que parece. Y casi siempre tiene arreglo.
¿Qué hago si no tengo acceso a mi web?
Lo primero es no tocar nada a ciegas. Lo segundo, hacer inventario. Una web no es una cosa: son cuatro piezas que pueden estar en cuatro sitios distintos.
- El dominio. Tu dirección, el «tuempresa.com». Es lo más importante, porque de él cuelgan la web y el correo.
- El hosting. El ordenador donde vive la web. Alguien lo paga cada año. ¿Quién?
- El correo. A veces va con el hosting, a veces aparte. Si el hosting caduca, el correo se va con él.
- El código y los contenidos. Los archivos y la base de datos. Lo que de verdad es «tu web».
Empieza por el dominio
Busca tu dominio en cualquier servicio de consulta «whois» y mira en qué registrador está. Después busca en tu correo facturas o avisos de renovación de ese registrador. Si alguna vez te llegó un correo de «tu dominio va a caducar», estás de suerte: probablemente la cuenta está a tu nombre o a tu correo.
Si el dominio está a nombre de la agencia, no es el fin del mundo. Los registradores tienen procedimientos para que el titular legítimo lo recupere, pero piden pruebas: facturas, contrato, el CIF de la empresa. Ve juntando papeles.
Y vigila la fecha de caducidad. Un dominio que caduca sin que nadie lo renueve puede acabar en manos de cualquiera. Literalmente.
Después, el hosting y el correo
Si la web sigue en pie, alguien está pagando el servidor. Puede ser la agencia, que en cualquier momento deja de pagar, o puede ser una tarjeta tuya que ni recuerdas. Revisa los cargos del banco del último año.
Si no hay manera de entrar, queda un plan B: copiar lo que se ve desde fuera (textos, imágenes, estructura) y montar la web de nuevo en un sitio que controles. No es lo ideal, pero tus contenidos no se pierden.
Lo que no hay que hacer
- Cambiar los DNS del dominio sin saber qué hay detrás. Te cargas el correo sin darte cuenta.
- Pagar a alguien que «te la recupera» y tampoco te da las claves. Mismo problema, otra cara.
- Dejarlo para la semana que viene. Lo que caduca, caduca.
Para que no te vuelva a pasar
La regla es corta: el dominio a tu nombre, las claves en tu poder y el código entregado y documentado. Quien te cuide la web puede tener acceso, claro. Pero el dueño eres tú.
En nuestros planes el código es tuyo desde el primer día y está documentado, para que cualquiera pueda seguir con él si un día decides irte. Lo contamos con más detalle en de quién es el código de tu web.
P. D. Si estás en esta situación ahora mismo, mira el traspaso de web: recuperamos lo que se pueda, lo pasamos a un sitio a tu nombre y te damos las llaves.
¿No sabes ni dónde está tu web?
Pídenos el diagnóstico. Te decimos qué piezas tienes, a nombre de quién están y por dónde empezar.